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El corazón de Chopin conservado en un frasco de coñac


" Quítenme el corazón después de que muera y sepúltenlo en Polonia...". Esas fueron las palabras que susurró Frederic Chopin en su lecho de muerte. Un deseo tan sentimentalmente patriota que se volvió leyenda. Quería que su símbolo más íntimo descansara eternamente en su tierra natal, lugar que añoró desde que se exilió en Francia.

Chopin amaba su patria y quería descansar eternamente en ella (el romanticismo nacionalista de sus Polonaises son profundamente conmovedoras), pero también lo carcomía el temor a ser enterrado con vida. Algo que en aquella época era frecuente.

Fue su hermana Ludwika la que cumplió su voluntad, y luego de colocar el corazón de su hermano en un frasco con coñac consiguió llevarlo clandestinamente desde París, lugar dónde falleció, hasta su soñada Varsovia, en aquel momento controlada por los rusos (el cuerpo de Chopin fue enterrado en el cementerio parisino de Père Lachaise).

Una vez llegado a su amada patria, el corazón de Chopin comenzó su eterno descanso en un pilar de la iglesia de la Santa Cruz. Allí reposó durante casi un siglo, hasta que estalló la Segunda Guerra Mundial. Durante el levantamiento de Varsovia, en 1944, los polacos se alzaron contra sus invasores nazis, y la mayoría de los edificios fueron destruidos. La iglesia no fue la excepción. Según la leyenda, antes de su destrucción, el corazón de Chopin fue entregado a un oficial de la SS alemana que supuestamente era admirador del pianista.

Cuando la guerra llegó a su fin, el corazón regresó a su lugar, y allí siguió en absoluta tranquilidad hasta qué en la madrugada del 14 de abril del 2014, dos científicos, acompañados por otras 11 personas, entre ellas el arzobispo de la ciudad y el ministro de cultura polaco, entraron en silencio en la Iglesia de la Santa Cruz. Fueron las primeras personas en más de 60 años que vieron con sus propios ojos uno de los mayores tesoros del país: el corazón de Frederic Chopin, conservado en un frasco con licor en uno de los pilares de la iglesia.

Pero...para qué querían ver los investigadores el corazón de Chopin?

En la primera década del siglo XXI, algunos médicos sugirieron que tal vez el compositor no había muerto de tuberculosis, sino como consecuencia de una fibrosis quística, una enfermedad genética que afecta a los pulmones.
Tras muchos años de insistencia en los que los científicos reclamaban poder ver el corazón y realizarle un análisis de ADN, el gobierno polaco y los familiares de Chopin accedieron a que se le realizara un examen, pero unicamente de forma visual. Bajo ningún aspecto podrían quitar el corazón de su frasco.

Los investigadores sacaron más de mil fotografías, pero no lograron obtener una respuesta concluyente. Afirmaron que sería necesario extraer muestras del tejido para dar un diagnóstico exacto. Nuevamente la negativa fue rotunda.

¿Por qué tanto recelo?.

Para los polacos, las composiciones nostálgicas de Chopin capturan el espíritu nacional y creen que el destino del corazón está entrelazado con las grandes agonías y los triunfos de la nación durante casi dos siglos de ocupación extranjera, guerras y liberación. Realizarle un análisis del ADN a su corazón podría ser visto como una profunda y dolorosa profanación.
Sin embargo, otras voces creen que la verdadera causa sería el temor a que un análisis de ese tipo revelara que el corazón que hay en la iglesia no fuera realmente el de Chopin (con una historia tan turbulenta y un frasco que pasó de mano en mano nadie puede afirmar con certeza que el corazón es efectivamente el del pianista).

Chopin, el romántico incurable.

El profesor Clark Lawlor de la Universidad de Northumbria, en Reino Unido, publicó un libro¹ sobre la manera en la que se retrata la tuberculosis en la literatura.

"Es la idea romántica de la tuberculosis como una enfermedad glamorosa de los bellos y los genios. ¿Cómo puede una enfermedad estar de moda o ser romántica? Inexplicable, pero tuvo esa posición paradójica en el siglo XIX".

De esta forma que le diagnosticaran tuberculosis a Chopin era hasta, en cierto punto, normal para la época. Era un personaje entrañablemente romántico. La conmovedora pasión y emoción de la música del polaco llevó a su contemporáneo alemán Robert Schumann a describirla como "cañones ocultos bajo las flores". Si a todo esto añadimos la apariencia de Chopin, (delgado, pequeño y con una pálidez que rosaba lo fantasmal) y lo que sobre él dijo su amante George Sand: "Chopin tose con una gracia infinita", podemos concluir que Chopin encajaba con el estereotipo del típico artista romántico.
Sin embargo, nadie será capaz de determinar, a ciencia cierta, que enfermedad mató al compositor.

La Iglesia de la Santa Cruz continuará siendo la guardiana del corazón del pianista. Sus devotos están convencidos de que ahí descansa el más grande de todos los polacos. El alma romántica de Chopin así lo quizo.

Mientras escribo suena "Nocturne n°2 in E flat, Op.9". Escucharlo me hace recordar a mi madre, a su piano, a sus manos...y me da felicidad. Ella fue Profesora de música y una gran pianista.

Se va terminando nuestro 5to día de cuarentena obligatoria. Escribir este post hizo que mi mente se olvidara de las terribles tempestades que el virus trajo a nuestras vidas.
En un rato iré a cocinar. La vida continúa.
Piu Avanti!.

Agustina.








¹Lawlor, Clark:Consumption and Literature: The Making of the Romantic Disease, Basingstoke, 2006.

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