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El Museo de las bicicletas

La mayoría de los inventos, por no decir todos, son el resultado de intentar satisfacer una necesidad, imperiosa para algunos, de deleite para otros. También están los casos en que el invento aparece como una evolución de lo que en un principio era un divertimento intelectual, claro está.

La bicicleta es el resultado de la evolución de un juguete, para ser más precisa, el “Célérifère”. Como indica su nombre, el juguete nació en Francia, en 1791, en plena revolución francesa, de la mano del conde Mede de Sivrac (venía a ser un chasis macizo de madera con forma de animal y con dos ruedas con el que sólo se podía ir en línea recta). Este juguete de niños ricos y que los ingleses plagiaron creando su propio Dandy Horse permaneció inalterado hasta el año 1879 cuando el francés Guilmet y el británico Harry John Lawson incorporaron la cadena entre 2 engranajes (el plato y el piñón). En el año 1884 aparece la primera bicicleta con transmisión a cadena con las 2 ruedas iguales obra de John Kemp Starley conocida como Rover Safety Bicycle. Sin duda, este modelo (bautizado como “bicicleta segura”) hay que considerarlo como el precursor de la moderna bicicleta.


Sigamos. De niños todos hemos soñado con tener una, y hoy en día, es raro encontrar una persona que no sepa montar en bici. Su versatilidad y el bajo precio han hecho que se extendieran por todas partes del planeta. Los carteros y canillitas, entre otros, la utilizan como una herramienta de trabajo. China es su capital mundial (una cada tres habitantes) y como si fuera poco ahora la usan con motor y todo. En fin, la pasión y el fanatismo por este vehículo de 2 ruedas hizo que varios hicieran museos (y locuras) en su honor.


El Museo de bicicletas de Storkow, Alemania, abrió sus puertas en el año 2009 y actualmente cuenta con más de 120 modelos en exhibición. La colección incluye el mayor tándem creado, de 6 metros de longitud, o la bicicleta más grande del mundo (7.80 metros), presentes en el Libro Guinness de los Récords. El alemán que lo dirige se llama Dieter "Didi" Senft, un ex ciclista, inventor y diseñador de bicicletas.


“Didi” se hizo conocido por sus estrafalarias apariciones en el “Tour de Francia” y otras vueltas ciclistas, donde anima a los corredores disfrazado de diablo con un tridente. Didi está presente en la ronda gala desde 1993, y también ha hecho acto de presencia en otras competiciones como el Giro de Italia, la Vuelta a España o la Vuelta a Alemania. Por ello, algunos medios de comunicación también se refieren a él como El Diablo del Tour o simplemente El Diablo.

Didi es tan famoso que incluso tiene patrocinadores personales, que le han permitido costearse sus numerosos viajes. Los aficionados lo buscan como si fuera una gran estrella. Fotos, autógrafos, grabaciones de vídeo... y Didi siempre, pero siempre, sonriendo.


Nacido en 1952, Didi se ha convertido para el ciclismo en lo que “el bombo de Tula” es para los peronistas y la selección argentina de fútbol. Su presencia es inevitable, simpática... y hasta necesaria.


En fin. Si recorren la bella Alemania, visiten este encantador Museo y saluden de mi parte al ocurrente y gracioso Didi Senft. Ya están avisados.


Adieu!.

16 comentarios:

MariluzGH dijo...

jejeje curioso el Didi ¿no? jejeje

Nosotros en España, para la selección de fútbol tenemos a "Manolo el del bombo"... 'tamos un poco locos ¿verdad?
¡¡qué bien!! jajajajaja

abrazos y caricias a los 'peques peludos'

C.G. Aparicio dijo...

Curiosa historia esta de las bicicletas, de la que no sabía prácticamente nada.
Y curioso personaje, también el de DIDI..., :)

Un saludo!

dale calor dijo...

un inventazo pero en españa y mas concretamente en la zona que vivo se hace un mal uso de ella, exclusivamente deportivo dando problemas a la circulación y ninguno usandolo para ir a trabajar.

vamos que si quieren hacer kilometros mejor de camino al curro no?

saludos

http://dalecalor.blogspot.com

ANTONIO CAMPILLO dijo...

¡Qué agradable y sentido texto, Agustina!
Me ha hecho recordar la primera bicicleta “de mayores” que me regalaron, una Orbea, que conservo y paseo en ella después de más de cuarenta años. Todas sus piezas son las originales. Su antigüedad hace que mis hijos la llamen “El troncomóvil”.
La bicicleta debería poseer un museo en todas la ciudades y pueblos del mundo.
Leerte es un placer, querida amiga Agustina. Es revivir para seguir viviendo.
Mi más sincera enhorabuena.

Agustina Tula Saborido dijo...

Mariluz:

Siiii!!!. Vi unas fotos de "Manolo el del Bombo". Es un grande!!jajajajaja.

Los pequeños te adoran querida Mariluz!!!Un abrazo enormeeee!!!

Agustina Tula Saborido dijo...

C.G APARICIO:

Gracias!!, me alegra mucho saber que te gusto!!!. Comparto lo de "curioso" personaje el del DIDI!, jeje. Cariños!!!

Agustina Tula Saborido dijo...

dalecalor:

¿No tienen bicisendas? Aca las tenemos, no en todas partes, pero si en el centro de la capital, y la verdad es que se usan mucho. Abrazotes!!!!

Agustina Tula Saborido dijo...

Querido Antonio Campillo:

Que hermoso comentario!!!, hasta se lo lei a Mariano y todo! (como así tambien el que dejaste en el post del profesor de Matemáticas). Es un placer y un honor tenerte como lector en este blog, sinceramente. Gracias por tus encantadoras y tan dulces palabras. Un cariño muy especial. Agustina

Iván dijo...

Pasear, que no correr en bicicleta es lo más parecido que me dieron a tener alas, en mi ciudad hay un enjambre tremendo de carril bici y puedes ir a cualquier sitio de Sevilla pedaleando y viendo la ciudad, es un goce. Dos cosas; primero, hasta el día de hoy tenía pensado que el invemtor de la bicicleta había sido Leonardo da Vinci y segundo, hay un libro de poemas decicado exclusivamente a este invemto "Poetas en bicicleta" de Nuño Editorial, más que recomendable para los amantes de uno de los mejores inventos que tuvimos a bien traer al mundo. Un abrazo.

HATOROS dijo...

INTERESANTE GRACIAS

Suky Snoobs dijo...

Vaya que es raro encontrara a una persona que no sepa andar en bici,o,hallar a una que no sepa muy bien,ese es mi caso.En fin,me han entrado unas ganas de comprarme una de esas muy bonitas y modernas que están saliendo,por alguna razón se está haciendo una moda en México tener una,a la vez también alentados por el gobierno de la capital,eso es bueno,lástima que no exista un respeto por parte de los automovilistas hacia los ciclistas en la ciudad.

julia dijo...

Me alegra visitarte y ver tu blog.Es curioso lo de las bicicletas,en realidad cada invento tiene una historia pero poco sabemos sobre ellas.Gracias por explicar y hacerlo tambien.Besos de luz para ti y los que amas.

xixe dijo...

En Chile no hay muchos museos. Me gusta este blog y espero aprender de él. Saludos.

Loli Salvador dijo...

Hola Agustina, hubiera dicho que hice un comentario pero no lo veo, seguramente se me borró.
Te decía que me gustó Amsterdam, una ciudad que hace uso multitudinario de la bici, los ciclistas tienen preferencia y paseando por los canales me sorprendió un museo al aire libre dedicado al transporte de dos ruedas, el regalo más soñado por los niños de cualquier generación.
Me alegro que sigas bien. Saludos.

noaguantoamijefe dijo...

Muy curioso, como siempre. A mi el uso más original y que más me ha gustado de una bicicleta lo vi en un documental sobre una aldea africana, donde utilizaban una (sin ruedas) para producir electricidad, turnándose todos los aldeanos para pedalear.
Un saludo.

M. dijo...

Me ha venido al pelo tu entrada porque llevo una temporada angustiado. Quizás exagero, no sé, pero yo, que he sido un fanático entusiasta de la bicicleta desde mi más tierna infancia, estoy angustiado porque mi hijo de once años, no quiere aprender a montar en bicicleta, y eso que todo el esfuerzo lo hago yo, que tengo que correr a su lado, aguantando el sillín para que no se pegue un guarrazo y se le quiten para siempre las ganas de aprender. En fin. Mi primera bicileta fue una orbea de color verde, con ella me tiraba por las dunas de mi Cádiz natal y jugábamos a pillar tocándonos la rueda. Que´tiempos y qué recuerdos me has provocado.
En fin, es un placer leerte amiga.
Un saludo.