
Cyrano:… Entonces que venga la muerte a llevarse esta locura, yo he logrado el embeleso, solo os pido una cosa, un beso...
Roxane: ¿Qué habéis pedido?
Cyrano: Hablábamos de un beso...
Roxane: No...
Cyrano: Sí, la palabra es dulce...
Roxane: ¡Cállate!.
Cyrano: En realidad un beso ¿qué expresa?.
Un juramento cercano, una promesa sellada, un amor que se quiere confirmar, un acento invisible sobre el verbo amar, un secreto que confunde la boca con las orejas, un instante infinito, un murmullo de abejas, un sabor dulcísimo, una comunión, una nueva forma de abrir el corazón, de degustar al borde de los labios, el alma…
Roxane: ¡Cállate por favor!.
Cyrano: Sí, mi boca se calma.
(Cyrano de Bergerac).
El beso ha protagonizado ensayos de Historia, Antropología y Sexología; ha llenado páginas y páginas de Literatura, Derecho y Psicología y ha sido sometido a la investigación de médicos y biólogos.

Forma parte de las manifestaciones ordinarias de nuestra vida cotidiana. Pero es un gesto de múltiples interpretaciones. Besamos por educación, por costumbre, por amor, por amistad, por respeto, por gratitud, por felicidad, por tristeza o por mero formulismo. Y, por lo tanto, sus características varían según lo que se desee expresar con él: puede ser apasionado, seco, corto, largo…Las distintas culturas le han otorgado un significado diferente y lo han enfundado de condicionamientos sociales y morales muy variados. A lo largo de la Historia, casi todos los pueblos han conservado esta tradición, adaptándola a los cambios y evoluciones que ha ido sufriendo la sociedad.