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Comportamiento Museístico: El cambio drástico de vida

¿Quién no ha sentido alguna vez un fuerte deseo de romper todo y mandarse a mudar a alguna isla paradisíaca, o de poner el restaurante que siempre quiso tener, o simplemente de convertirse de la noche a la mañana en un pastor de ovejas y alejarse de la sociedad que censura nuestras ideas y castra los deseos más profundos de lo que realmente queremos?. Algunos, los pocos, se han atrevido a darle a su vida ese ansiado giro de 180 grados, pero otros, en cambio, continúan pensando que eso es imposible...

Sin lugar a dudas, el nombre de Paul Gauguin a nadie le resulta desconocido. Pero es posible que a algunos les sorprenda saber que , a la edad de 35 años, el que luego seria célebre pintor era tan solo un prometedor de bolsa, casado con una joven danesa llamada Mette y padre de 5 hijos. Llevaba una vida normal, por lo menos en apariencia. Y decimos en “apariencia” porque nadie de su familia podía imaginar que, desde hacía ya tiempo, en su interior se fraguaba una lucha interna al más puro estilo hamletiano: ser o no ser…No ser, para Gauguin, suponía seguir en su trabajo de corredor de bolsa y asegurar así el bienestar de su familia. Ser significaba romper con todo y dedicarse a la verdadera razón de su existencia: la pintura. Está demás decir que se decidió por la segunda de las premisas. Así, con temor a lo incierto de su futuro, pero sin sucumbir ante el miedo, le comunicó a su esposa que abandonaba su trabajo para convertirse en pintor. A partir de ese momento, las dificultades económicas fueron tantas que, finalmente, se vio obligado a separase de su familia y viajar hacia los Mares del Sur, en busca de un paraíso en el que la vida fuera más fácil y el dinero casi inútil. Allí comenzó su aventura vital más fascinante, conviviendo con los nativos y pintando los lienzos que le darían fama universal.
Resulta evidente que la odisea personal de Gauguin ejemplifica a la perfección el ideal de vida que tantos ansían: atreverse a modificar el curso normal de una trayectoria vital para lograr la ansiada felicidad. Claro que, quien idealice el arte hasta el punto de creer que los artistas son dioses, y por tanto solo ellos están dotados para iniciar este tipo de aventuras, con toda seguridad se considerara a si mismo incapaz de secundarles. Digamos que la mediocre y aburrida vida cotidiana está llena de ejemplos en donde los protagonistas no están necesariamente ligados al arte, ni mucho menos.Así, por citar tan solo un ejemplo, podríamos mencionar el caso real de un brillante analista financiero europeo, -al que, para preservar su anonimato, llamaremos J.F-, que una buena y soleada mañana de septiembre comunicó a su familia que renunciaba a su trabajo para montar un pub en Ibiza.

Su esposa y su hijo no lo secundaron en su aventura; tampoco tenían porque hacerlo. J.F. no sólo logro montar el pub, sino que al cabo de un tiempo, decidió irse todavía más lejos y se estableció en una costa caribeña, en donde vive feliz y relajado al frente de un pequeño restaurante.Otro caso más curioso todavía lo protagonizó un joven, al que llamaremos M.F, que, con el título de licenciado en filosofía le revelo a su familia su gran secreto: quería ser pastor de ovejas, y vivir en las montañas. Nadie pudo convencerlo de lo contrario, así que se hizo las valijas y se mando a mudar a un lugar indeterminado de los Pirineos.

También resulta llamativa la decisión que tomó un buen día un ex participante del reality show argentino “Expedición Robinson” que luego de ganar el juego, abandonó la carrera de abogado (una locura, según su mamá Herminia) y se fue a recorrer la selva boliviana para luego terminar como salvavidas para el segundo “Robinson”, pero está vez colombiano.
Resulta lógico que, si uno no está satisfecho con su vida, intente desviar el curso de la misma hacia donde más le conviene, asumiendo con ello, eso sí, todas las consecuencias. Pero la verdad es que no todos se atreven. ¿Razones?, hay tantas como personas en este mundo, pero tratando de hacer un esfuerzo de síntesis, los motivos podrían agruparse en una zona ciertamente abstracta: las ataduras sociales. Miedo, incapacidad de asumir riesgos, familia que mantener, inseguridad…En suma, la resignación ante esa especie de esclavitud y acorsetamiento voluntario que propone una sociedad marcada por el consumo dirigido y el culto al dinero.El dinero o prestigio social son capaces por si solos de adormecer, aquietar y/o silenciar cualquier deseo utópico de cambio radical que lleve implícita la renuncia a lo que uno tiene, aunque con ello se sacrifique lo que uno verdaderamente es o desea ser. No en vano, el termino utopía procede de la partícula griega “u” (que indica negación) y la palabra topos (lugar), es decir lugar inexistente. En realidad, se suele acudir a este término cuando algo resulta tan difícil de alcanzar que ni si quiera merece la pena intentarlo. Sin embargo, la realidad nos ofrece los suficientes resortes como para provocar una o varias renovaciones vitales a lo largo de la existencia.

Sin lugar a dudas, ser agraciado por un premio millonario, haber estado golpeando las puertas del cielo –por un infarto, un accidente o una enfermedad- o incluso un fracaso profesional estrepitoso que conduzca a la tan temida ruina, pueden ser factores decisivos para plantear la vida de otra forma.

Sin embargo, el camino más difícil es el que resulta de una simple catarsis existencial.La famosa crisis de los 40 es una referencia inevitable en este sentido. De producirse ésta, normalmente responde, grosso modo, al convencimiento de haberse equivocado o, en todo caso, de no haber conducido los proyectos por el camino correcto. Y es posible que más que nunca, el individuo se plantee muy seriamente dar un giro radical a su vida (digamos que ejemplos de hombres y mujeres con el también llamado “viejazo” hay bastantes…).

En fin, sólo unos pocos se atreverán a renunciar a muchas cosas para comenzar una nueva vida más acorde con sus expectativas. Seguramente la travesía del desierto les resulte dura al principio, pero, cuando uno ha perdido el miedo a la libertad, se halla más cerca que nunca de la felicidad. Y eso, en resumidas cuentas, es lo que importa...


Adieu!!.

Para seguir leyendo:
-Psicología Museística: Situaciones bochornosas
-Costumbre Museística: La siesta
-Costumbre Museística: El baño

12 comentarios:

Nina Rouge dijo...

Inspirador! Hay momentos en que dar un lo que parece un pequeñísimo paso... es el salto más emocionante de nuestras vidas ;)

Rodrigo Yáñez dijo...

Jejeje curioso que hayan salido dos hippientos totales.
Sigo pensando que avanzamos a pasos agigantados justamente cuando se siente el freno.

il Postino dijo...

bueno, poner un bar en ibiza parece un proyecto económico bastante rentable y normalito, después de todo se trata de una de las playas mas visitadas de europa, lo mismo que ser un empresario gastronómico.

El problema de idealixar algunas alternativas es que esas, también forman parte de este proyecto social que desarrollamos, también son un estereotipo. Las sierras de córdoba y El Bolsón están llenas de porteños...

ARI dijo...

Una verdad tan grande como un templo este post, lástima que como comentas nos aten tantas cosas a esta vida. Bravo por este artículo.

Heidi dijo...

qué justo yo estoy planteandome ese giro....
me gustó mucho tu post.
Un beso, te leo siempre.

M. Leroux dijo...

Vaya, qué inspirador y sí, habría muchas más personas felices si nos dedicáramos a seguir sueños en lugar de conformarnos con dar gusto a los demás.

Ojalá no tenga que esperar hasta los 40 para decidirme...

¡Saludos!

Suky Snoobs dijo...

¡Ah! Claro como no dar un cambio radical a mi vida en estos momentos y no se trata de una gran aventura (aunque así me parece) solo es un simple cambio de rumbo pero como ya bien lo mencionas es sobre todo el miedo,lo desconocido en fin espero lograr dar ese pequeño paso.Saludos.

Anónimo dijo...

MARAVILLOSO!.
Como me gustaria tener tan solo un poquito de valor para largar todo, colgarme una mochila y salir de viaje por todo el mundo...Me arrepiento de no haberlo hecho a los 20, ahora no me da el físico.
Saludos y muy buen post
Tito

josé angel dijo...

hay algunos que se atreven a dar un giro radical en sus vidas y se pegan un tiro; pero esa es cosa de valientes, no cuenten conmigo.

LSD dijo...

quiero un cambio radical en mi vida y trasformarme en el muchacho de la foto 5 para desp envejecer como el señor de la foto 1.

Mario dijo...

Interesante reflexión..

No creo q haya que desconectar de todo este mundo para alcanzar la felicidad pero si q la gente que lo hace es porque lo necesita.

Yo creo q no lo necesito, al menos por el momento, aunq me has hecho pensar sobre ello y me gusta.

Un abrazo e interesante blog!
Escribe un bloggero amateur que te invita a dar un paseo por el suyo.

Mario.

Diego Ariel Vega dijo...

Buenísimo...me recordó la historia de Dean Karnaze el ultramaratonista norteamericano que decía que su vida era, sencillamente, “miserable” y aunque tenía éxito como empresario no era suficiente para él. Así, el día de su 30 cumpleaños decidió dejar colgados a sus amigos mientras lo esperaban en un bar y salió a correr 30 millas (48,2 Km.), una por cada año. Fue así como comenzó su nueva vida basada en el esfuerzo, las hazañas y los récords.