13.5.10

4

votar

Trastorno Museístico: El Sonambulismo

He hecho todas mis películas como un sonámbulo. He hecho todo lo que creía correcto, nunca he preguntado a nadie si lo que hacía estaba bien o mal. (Fritz Lang).

Hoy mismo, millones de personas en todo el mundo no tendrán una noche tan relajada como suponen. Con la voluntad consciente adormecida, se incorporarán en sus lechos, abrirán los ojos e incluso deambularán fantasmagóricamente por los pasillos de su hogar. Unos cuantos podrían lesionarse en su paseo nocturno y, sin embargo, con total seguridad, no recordarán absolutamente nada de ello cuando despierten.

Los sonámbulos son presa de una de las parasomnias –una de las categorías de trastornos del sueño- más singular y extendida. De hecho, se calcula que una de cada 10 personas ha experimentado mientras duerme, al menos una vez en la vida, los síntomas del sonambulismo.
Las causas concretas de este fenómeno aún constituyen un misterio. A pesar de que no está demostrado que el sonambulismo tenga su origen en factores emocionales, suele darse, al menos en ciertos casos, en momentos de gran ansiedad.

Tampoco existe evidencias claras de que este trastorno tenga un origen genético, pero en numerosas ocasiones se han descrito antecedentes familiares (tanto es así que en el 80 por ciento de los casos estudiados, si uno de lo progenitores es sonámbulo, la probabilidad de que lo sea su hijo es 6 veces superior a la normal. Asimismo, el 40 por ciento de los sonámbulos reconoció que 2 o 3 miembros de su familia también lo han sido).

Los episodios de sonambulismo se suelen dar en el primer tercio de la noche, cuando las ondas cerebrales del durmiente se alargan y éste penetra en el denominado sueño profundo. En ese estado, la respiración, el pulso y la presión arterial disminuyen hasta situarse al mínimo de las funciones vitales. Además, se produce una intensa relajación muscular que contrasta con la energía desplegada por el sonámbulo para incorporarse, caminar e incluso realizar algunas tareas (por ejemplo, lavar los platos sucios de la cocina, barrer, acomodar libros, subir y bajar escaleras, entre otras). Los episodios, en los que también pueden darse casos de somniloquia, es decir, hablar dormido, duran unos minutos, pero pueden prolongarse durante media hora.

El sonambulismo puede llegar a convertirse en un mal crónico y tiene su origen en causas psicopatológicas. Quizá por ello, desde hace siglos se han atribuido a los sonámbulos algunas actividades extravagantes. El propio Shakespeare hace que la manipuladora Lady Macbeth viva un episodio antes de suicidarse. Ya en el siglo XX, Robert Wiene muestra en El gabinete del Dr. Caligari cómo el sonámbulo Cesare comete terribles asesinatos siguiendo las órdenes hipnóticas del doctor. El filme, dirigido en 1919, acrecentó el aura de misterio que rodea a este fenómeno.

Además, la amnesia que sigue a los sucesos – y que durante el Renacimiento fueron identificados a menudo con manifestaciones diabólicas- en ocasiones fue esgrimida por la defensa de más de un acusado para probar su inocencia. Tal fue el caso de Scott Louis Falater, un ingeniero mormón de Arizona, Estados Unidos, quien tras apuñalar 44 veces a su mujer y ahogarla en la piscina de su hogar, declaró no recordar nada. A Falater, sin embargo, su estrategia no le sirvió mucho. Un vecino observó como hacía callar al perro de la casa, se colocaba los guantes para cometer el crimen y escondía las ropas ensangrentadas. Según la acusación, su comportamiento no encajaba con un caso de sonambulismo y fue encontrado culpable de asesinato en primer grado.

Pero si estos fenómenos violentos son raros en extremo, otras conductas tradicionalmente vinculadas al sonambulismo también son infrecuentes. Ni la luna, ni los paseos por las cornisas, ni los brazos estirados tantas veces dibujados en las ilustraciones, o filmados en las películas, se corresponden a la realidad. De hecho, hay casos de sonambulismo que se han despertado de día, durante la siesta.

Lo único en que los expertos insisten es en que no hay evidencias que sugieran que el sonambulismo sea una enfermedad mental, a pesar de que en la edad adulta pueda estar motivado por una neurosis de ansiedad (a lo largo de la historia, los sonámbulos fueron demonizados, sospechosos de estar en contacto con fuerzas ocultas e, incluso, tomado por locos. Sin embargo, hoy sabemos que nada de esto es cierto y que es preciso velar por la seguridad del paseante trasnochador).

Con respecto a la idea de que “no se debe despertar a los sonámbulos”, el doctor Giuseppe Plazzi del Departamento de Ciencias Neurológicas de la Universidad de Bolonia, opina lo siguiente: “despertar a una persona que camina dormida, especialmente si es vigorosa, podría confundirle o importunarle temporalmente. Desorientado, podría golpear a cualquiera que se encontrara cerca. Es mejor no cruzarse en su camino”. Por ende, deje al sonámbulo vaguear tranquilo, siempre y cuando no corra peligro su existencia.

En fin, si usted es sonámbulo, o algún familiar suyo lo es, asegure puertas y ventanas y retire objetos peligrosos de las habitaciones. No sea cosa que los disidentes del buen dormir, absolutamente ajenos a sus actos, se lastimen…o, lo que sería peor, lo magullen a usted.

4 comentarios:

Pilar Moreno Wallace dijo...

Qué interesante, no sé apenas de este tema.

Anónimo dijo...

ufff. si hay un sonambulo en este mundo ese soy yo!.
Buenisimo museologa, ahora ya tengo a quien echarle la culpa por mis andadas nocturnas!
Excelente blog. Luis el español.

Paco Guerrero dijo...

interesante post,el que nos regalaste hoy.
un abrazo

Pasalratobien dijo...

Yo conozco ha unos cuantos, mis dos hermanos lo son, incluso yo he llegado a tener conversaciones con ellos mientras dormian.
Yo no lo soy, pero tengo otro problema, el roncar.