28.3.10

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Trastorno Museístico: El Estrés


Frente a situaciones de tensión, lamentablemente cada vez más asiduas, es común escuchar algunos conocidos y viejos consejos: ¡Pero cheee, no te amargues la vida!!!, ¡no te envenenes la sangre de esa forma!, ¡no pierdas la calma!...etc, etc, etc. Es que en el mundo frenético de hoy en día hay, desgraciadamente, muchas maneras de perder la paz, y sin embargo, en nuestro social refinamiento hemos llegado al extremo de inventar el permanente estado de impaciencia. Dejarse atrapar por él es entrar en la antesala, en el “avant premiere” del estrés desaforado, un desagradable compañero de viaje que ataca las capacidades de respuesta y adaptación del individuo a su entorno.


Pero ojo, no le echemos la culpa ni a las bacterias, ni a la gripe porcina, ni al chupacabras, ni a cualquier otro agente infeccioso de la aparición de este testarudo y obstinado enemigo; no son factores externos los que invaden el organismo para generar el desorden, claro que no. Son los propios mecanismos de defensa, respuesta y adaptación los que, al ser solicitados en exceso, terminan por no cumplir su misión, despojando a la persona de su más preciado norte, su identidad, como punto de referencia.

Agobiado por el bombardeo de responsabilidades, por la desmedida demanda de soluciones rápidas y precisas, día tras día, semana tras semana… año tras año, las pilas acaban por agotarse, dejando al individuo desarmado, indefenso, presa de la depresión, subestimado y con una fatal sensación de incapacidad. Ahora es carne de cañón, un perfecto caldo de cultivo para el insomnio, los molestos y agotadores dolores de cabeza, las enfermedades cardíacas, la hipertensión, las afecciones gástricas y oncológicas y todo aquello que quiera visitarnos.Ante el peligro, la amenaza o la emergencia, el organismo se pone en estado de alerta. Hay que prepararse para lo peor; la mente debe estar clara y las respuestas deben ser rápidas. Todo sucede en cuestión de segundos: en principio la sensación de alarma es paralizante. En estos instantes disminuyen la tensión arterial, la temperatura corporal y el tono muscular; también se produce una concentración de células sanguíneas, debido a la perdida de agua y plasma causadas por la sudoración y la disminución de la diuresis y se activan las reservas de grasas, que aumentan el nivel de colesterol.

En una sociedad como la nuestra pocos pueden sentirse a salvo de su amenaza. La vida cotidiana, competitiva y exigente hasta el extremo, nos mantiene en un estado de alerta casi constante. El problema es, digamos, grave, hasta el punto de que las estadísticas más recientes muestran que en Estados Unidos dos tercios de las consultas al médico de cabecera están relacionadas con el estrés ( y un poco más, también). Pero el problema cunde también en Europa, donde la situación se repite como un calco en las grandes ciudades. Y es que es en las grandes concentraciones urbanas donde en las últimas décadas se siente la mayor sensación de agobio.

El ruido, los embotellamientos, la contaminación, los horarios poco racionales, los apuros, la competitividad en todos los órdenes y las pocas horas de sueño son los principales factores que determinan el fuerte sentimiento de estrés de las personas. Médicos, sociólogos, psicólogos dicen que “vivimos en un mundo trepidante, marcado por el trabajo, en el que hay que ser el mejor, conseguirlo todo y mostrarse, además, alegre, simpático, ingenioso y elegante, tanto en el ámbito laboral como en el familiar y social”. ¡No hay quien lo soporte!. La vorágine urbana puede llegar a ser nefasta. El permanente esfuerzo de adaptación exigido por el largo rosario de tensiones y agresiones termina, casi inexorablemente, por conducirnos al fracaso; no es posible soportar tanto estrés.


Políticos, ejecutivos, periodistas, maestros, cocineros, médicos, deportistas de elite –como los corredores de Fórmula 1, los ajedrecistas y aquellos que se enfrentan al reto en solitario-, trabajadores de las cadenas de producción, conductores y taxistas y profesionales liberales de ámbito urbano, entre otros, camina de la mano del estrés, amenazados siempre por el colapso.
De la misma manera que el bombardeo e estímulos, la velocidad, la excitación, o la agresividad pueden situarnos en la plataforma y conducirnos al temido estrés, la ausencia total de los mismos puede acarrear similares problemas. No es, por lo tanto, el desgaste físico lo que condiciona estar estresado, sino la tensión mental, la competitividad y, sobre todo, la jerarquía. “Antes preferiría perder una cuenta que subir 5 pisos en el ascensor con mi director general”, confiesa una ejecutiva de un banco de negocios. No es la única (ni la primera). Contra lo que a primera vista parece, el estrés no está tan ligado a las contrariedades materiales como a los problemas de relación y comunicación entre individuos y, en particular, con los superiores jerárquicos.

Si por esas cosas de la vida el jorobado estrés ya golpeó su puerta (y lo que es peor, usted lo dejo entrar), puedo aconsejarle que, antes que nada, se tranquilice. Luego desaparezca del mundanal ruido, evada literalmente los problemas y las situaciones de agobio. Las vacaciones, las técnicas de relajación, el deporte, las charlas con amigos, el afecto de los demás, la actividad sexual, la meditación y los hobbies (o simplemente jugar al truco o a la generala) se encuentran dentro de los mejores antídotos (parezco un libro de autoayuda, o lo que es peor, Jorge Bucay). Pero si usted está dentro de ese grupo privilegiado de personas que aún no conoce el estrés, esté preparado. Yo ya le avisé.


¿Estas estresado? Grupo para insultarme y despejarte de un día malo.

Adieu!!.

8 comentarios:

pasalratobien dijo...

Formidable articulo, desgraciadamente el estrés es peor que el virus de la gripeA, no para de crecer en nuestra sociedad, sintoma evidente que tenemos que cambiar nuestra forma de vivir.

Liliana Lucki dijo...

De leer quede estresada !!!

Cunatas verdades.

Saludda ,Liliana

el viajero impresionista dijo...

Yo como Liliana, me quedé estresado mientras leía. Ahora estoy en paz con mi mismo y con el mundo. Otra cosa será mañana.

El circulo de los cabezazos lo tenemos en la oficina, pegado en una pared (de verdad de la buena). Saludos

joselop44 dijo...

Ha sidfo un gran artículo. Gracias a Dios no estoy estresado.
Un abrazo

F. Fabian S. dijo...

Puede concebirse una vida sin stress.? Cuando me mude a bariloche, a una casa cerca de un bosque..(en realidad era un terreno a la venta, pero alli todo terreno es un bosque a causa de la maravillosa naturaleza) mi ex, acostumbrada al Roca, al subte y a otras maravillas modernas no pudo soportar tanta paz y se estresso!...Si, stress verde dijeron...Y despues me estrese yo. HAsta que nos adaptamos . Sobrevivimos.

Anónimo dijo...

En mi trabajo estan todos estresados y lo peor de todo es que esas mismas personas que viven estresadas lo terminan enfermando a 1!!. Mi jefe a mi me vuelve loco. Vive a mil por hora y a mi eso me estresa!!.
Rodrigo

VENUS dijo...

fumarse uno es la mejor opcion

orvalho do ceu dijo...

Hola, estoy haciendo Español para poder apreciar mas los blogs lindos que tienem ustedes...
Belo post! Sé bien lo que es el estrese...
Hoy el no me afronta mas...
Tengo vida,Dios cambio mi manera de vivir... havia me olvidado de vivir mi vida... Estoy en paz!!!
Gracias por seguir-me!
Saludos plenos de serenidade...