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Fenómeno Museístico: La Fama

Mick Jagger, Leonel Messi, Madonna y el Papa, ¿qué tienen en común estos personajes?. La respuesta es más que obvia: ninguno de ellos podría pasar inadvertido si paseara por una calle. Son famosos, cada uno de un modo distinto y por motivos diversos. Pero todos comparten esa cualidad, la fama, presente desde que el mundo es mundo, pero que en las últimas décadas parece haber alcanzado dimensiones casi incontrolables y desquiciadas a medida que aumentaba la influencia de los medios encargados de transmitirla.

La fama es, según el diccionario de la Real Academia Española, “opinión que la gente tiene de la excelencia de un sujeto en su profesión o arte”, digamos que esta definición, en este caso, no es de gran ayuda.
El periodista español Juan Cruz, autor del libro “El peso de la fama”, en donde 20 personajes conocidos hablan de los pros y los contras de la popularidad, dice que la fama “es algo que unos buscan desesperadamente, otros la encuentran, a otros les llega…pero que nadie la rechaza”.
Por otra parte, Leo Braudy, profesor de la Universidad de California del Sur y uno de los principales analistas de la fama en EE.UU. la define como “el lado público de la persona, la manera en la que aparecemos a los ojos de otra gente y el esfuerzo que hacemos para ser más conocidos a sus ojos que a los nuestros”. Braudy dice que la fama puede crecer o desarrollarse de muchas formas: “Depende del sistema político, de los medios de comunicación disponibles y de la idea de cultura sobre lo que es una persona perfecta”. Esto último es una excelente explicación de la fascinación que la fama provoca en nosotros, ya que si hay algo que muchos famosos comparten es la de aparecer a nuestros ojos como seres envidiables: atractivos (casi todos), millonarios (en su gran mayoría) y entregados a una vida llena de excitación, adrenalina y glamour muy alejada de la rutina de los millones de personas que los admiran.

El apogeo de la fama está íntimamente relacionado con los medios de comunicación, por lo cual, ante de que estos aparecieran, la fama llegaba -o se buscaba- por otras vías, y siempre estaba asociada con alcanzar la posteridad.
Con el tiempo, esta idea permaneció mientras que los diarios, el cine y la televisión se convertían en la herramienta perfecta para que las celebridades disfrutaran de su reconocimiento público; la fama aparecía entonces como una feliz consecuencia de haber alcanzado el éxito en determinadas actividades, como la política, el deporte, el arte o el espectáculo.
Sin embargo, en la actualidad, la fama se convirtió en un fin en sí mismo, con un gran número de personas que tienen como único objetivo ser famoso, aunque sea “sin mérito ni oficio”.

Hoy por hoy podemos afirmar que nunca antes hubo tantos famosos como ahora. Pero destacarse en alguna profesión no implica la llegada instantánea de la popularidad: la fama es para el que la trabaja.
Un famoso existe porque hay gente que no sólo sigue su trayectoria en el terreno de juego, compra sus libros o ve sus películas, sino porque se interesa y necesita saber de ellos más que por su obra.

La fama nace con los medios de comunicación, es cierto, pero eso no significa que el concepto no existiera en la Antigüedad. Era un concepto distinto que se valía de medios de comunicación también diferentes, más primitivos, más directos y mucho más jerarquizados. Sin excepción, estaban en manos de los poderosos, que los utilizaban para asegurarse la extensión de su propia fama. Los historiadores de la comunicación Asa Briggs y Peter Burke hablan de las estatuas como forma de comunicación y propaganda en el mundo antiguo, particularmente en la Roma de Augusto (esta era la mejor manera que tenían los emperadores de hacerse reconocer por su pueblo y de perdurar en su memoria). Alejandro Magno (siglo IV a.C.) fue el primero en utilizar el dinero como vía de autopromoción, acuñando monedas con su efigie en los territorios que conquistaba. También fue uno de los precursores en una práctica actual: ennoblecía su linaje creando una genealogía que lo ligaba directamente al héroe griego Aquiles. Pero los emperadores no eran los únicos personajes de la Antigüedad que gozaban del fervor de las masas: en la Grecia clásica esto era compartido por los atletas, especialmente por los vencedores en los Juegos Olímpicos, que alcanzaban automáticamente un estatus de celebridad hasta el punto que cuando regresaban a su ciudad natal se demolía una parte de la muralla para que pudieran entrar por un camino distinto del de los mortales comunes.

Cada época y cultura tendían a convertir en famosos a un tipo de gente determinada: Antes de la Cristiandad eran principalmente guerreros, políticos y atletas, con algunos filósofos y escritores ejemplares. Pero con el cristianismo, la fama de los santos y las personas que llevaban vidas espirituales se convirtió en un rival para las ideas grecorromanas de la fama. El monopolio de temas religiosos que acaparó buena parte del arte europeo durante los primeros siglos del cristianismo no deja dudas sobre cuál era el poder dominante, interesado en crear sus propias leyendas.
Pero fue la llegada de la imprenta lo que comenzó a sentar las bases de las nuevas vías de difusión de la fama, cuando la imagen y la palabra hablada dejaron de ser las únicas vías de comunicación. Por ejemplo en Inglaterra comenzó lo que todavía hoy sigue siendo uno de los elementos transmisores de fama: la caricatura, en un principio transmitida en forma de grabados y centrada en políticos relevantes de la época como Charles James Fox o el mismísimo príncipe de Gales.
La aparición de la fotografía fue el paso definitivo a la hora de otorgar a las personalidades un rostro reconocible, y no tardaron en aparecer quienes la utilizaron ventajosamente: Abraham Lincoln fue el primer presidente de EE.UU. en utilizar su fotografía en los carteles electorales, y por lo tanto, también el primero cuyo rostro fue conocido por todos sus ciudadanos.

Pero lo que disparó verdaderamente la fama fue la prensa escrita. El creciente auge de publicaciones periódicas en Europa y EE.UU. hizo algo más que aumentar los hábitos de lectura: hizo que leer sobre la vida y milagros de personas que uno desconocía se convirtiera en una experiencia cotidiana.

Hoy por hoy, todo parece indicar que vamos en camino a que el poco y nada glamoroso mundo del anonimato sea un castigo para los que, por elección o mala repartija, no pertenezcamos a esta aclamada y embelezada “elite”.

En fin…si me dan a elegir prefiero seguir siendo una marginal heterodoxa que disfruta del anonimato blogueril, pero igualmente, escucho ofertas!.

Adieu!!!.

13 comentarios:

joselop44 dijo...

Con entradas como esta pronto llegará la fama; o no...
Un abrazo

Anónimo dijo...

FENOMENAL ENTRADA!. Mis felicitaciones mas sinceras por tan excelentisimo blog, y desde ya articulo.
La fama esta a la vuelta de la esquina, y con un blog como este pronto llegará, a no dudar!(eso si es que usted elije entrar al mundo del estrellato, por supuesto museologa).
Saludo fraternal
Francisco.

Fernando Bonatto dijo...

Auch...
El último famoso que ilustra la nota habla de una especie de démerito de la fama,una suerte de
exhibición de la boludez comprada
o de la hijoputez no lo tengo claro
o la boluputez quizás.
Y se da el fenomeno que hay gente que rechaza ver ciertos medios en que se promueven famosos al cuete
sucede que hay famosos desconocidos en ciertos ámbitos

Anónimo dijo...

Que original entrada!.
Quiero decirte que es un placer leerte. Realmente aprendo mucho y me encanta como escribes.
Besos
Lau

Basurero Usurero dijo...

Está bien, cada quien elige su camino; me pregunto si esto será cierto, acaso Britney Spears habrá querido ser famosa o tal vez fue una creación. Suerte.

Mcrow dijo...

No creo que tu no seas famosa.
Tienes la excelencia como blogger.

Un abrazo

abril en paris dijo...

Una explicación realmente interesante
que nos confirma en la idea de que el ser humano en todas las épocas ha buscado la forma de reafirmarse através de los ojos y la " adoración " de los demás mortales..
Pero es efímera, por lo tanto disfrute de sus 15 minutos de gloria
aquel que nada tiene que aportar, ni siquiera como referente y ¡larga vida a los seres que sin buscarla nos dan lo mejor de si mismos como un modelo a imitar o aprender!.
Un abrazo.
( Este lugar tiene " la fama" que merece )

MATHA BURROUGHS dijo...

¿Quiénes son los nabos esos que están en el mismo post que Ricky Fort? ;)

Cayetano dijo...

Comparto contigo de cabo a rabo la filosofía de tu entrada. En épocas anteriores a la actual se era famoso por haber realizado alguna hazaña, algún descubrimiento o por haber aportado algo positivo a la humanidad; pero hoy en día, "petardos y petardas" que no han trabajado en su vida se ven encumbrados al podium de la popularidad simplemente por interesas mediáticos y/o mercantiles. Y lo peor de todo es que tienen un público numeroso seguidor. Creo que esta humanidad ha perdido definitivamente el norte.
Un saludo.

ANYELYT.. dijo...

Tu blog si que va a la fama.
SALUDOS.

Jose Antonio Cabrera Ramirez dijo...

No existen calificativos para poder definir con palabras el desastre natural de Haití. Una sola imagen por los medios de comunicación vale más que mil palabras. Realmente uno se siente muy pequeño frente a estos acontecimientos extremos y comprueba lo que es importante en esta vida.
Creo que no es el momento de hablar sino de actuar y lo podemos hacer de mil forma distintas, fundamentalmente aportando economicamente nuestro pequeño grano de arena en la medida de nuestras posibilidades. Existen ONG dedicadas a ello como médicos del mundo u otras tantas igual de válidas.
Es hora de actuar y de ello depende la vida de miles de seres humanos.
Por favor pasadlo a vuestros blogs y que este mundo de la blogsfera se solidarice con Haití

Raini Munti dijo...

blogwalking here :)

Agustina Tula Saborido dijo...

En este momento estoy con mi madre internada y por tal motivo solo tengo tiempo de realizar los posteos que tan bien me hacen. Aunque no pueda responder los comentarios que tan amablemente ustedes dejan en el Conventillo, quiero decirles que leo junto a Mariano absolutamente todos y nos hacen muy felices.Ya les responderé personalmente a cada uno, como se merecen. Un abrazo fuerte y muchas gracias.