7.12.09

4

votar

Objeto Museístico: Los Pies

Cenicienta, una bella muchacha maltratada por su madrastra y las 2 hijas de ésta, se convirtió en reina porque tenía los pies pequeños. Al fin y al cabo, a su esposo no le importó que fuera cortesana o villana, inteligente o tonta. El aspirante a trono, según revela la leyenda popular que Perrault convirtió en un delicioso cuento, decidió desposarse con la mujer cuyo pie entrara en el minúsculo zapato de cristal que una misteriosa dama había perdido al salir corriendo del baile real. En todo el reino, únicamente la hermosa Cenicienta tenía unos pies lo bastante bellos como para conquistar el corazón del príncipe. ¿Una frivolidad del cuento?. No, claro que no.
La leyenda, que se remonta al menos 2 siglos atrás, enaltece un canon de belleza que aún hoy sigue vigente. “Los pies pequeños resultan sexys y elegantes". Tanto es así que millones de mujeres los embuten y aprisionan en calzados muy angostos y con tacones de vértigo para que así resulten a la vista más diminutos y estilizados.

Los pies no solo sirven para caminar, correr, saltar, patalear o bombear sangre. Son el origen de importantes ritos populares y religiosos. También son fuente de situaciones algo embarazosas, para quienes muestran vergüenza a exhibirlos: por ejemplo, Isabel la Católica se negó a que le descubrieran los pies en el momento de recibir la extremaunción, según relató su capellán Lucio Marineo.
No menos fascinante es la simbología sexual y psicológica que encierra esta parte del cuerpo. Desde el punto de vista antropológico, el pie de la mujer adulta es ligeramente más pequeño que el del varón. El pie femenino alcanza una longitud de 22 a 23 centímetros, mientras que en el hombre está es de 26 a 28. Esta pequeña diferencia de tamaño convierte el pie humano en un signo de distinción sexual. Por consiguiente, al aumentar artificialmente esta desigualdad mediante el uso de calzado estrecho, el pie de la mujer resulta más femenino y se erige, como señala el etólogo Desmond Morris, en “una poderosa señal sexual para el varón”. Unas palabras de Lord Byron resumen la tradicional fijación masculina por las dimensiones nimias de éste: “los menudos pies de sílfide que evocan la más perfecta simetría de las bellas formas que también terminan”.



La inclinación por los pies “liliputienses” cobró increibles extremos en la antigua China. Para impedir su crecimiento normal, los pies de las niñas tenían que soportar vendajes tan estrechos que les producían graves deformidades y una atrofia muscular pronunciada. El pie vendado, llamado en la tradición china “lirio de oro”, que parecía tan atractivo dentro del pequeño calzado, tenía el aspecto de una pezuña de cerdo deformada. La belleza y el honor de una mujer se medían sobre la base del grado de atrofia podal (la distorsión del pie no tenía por objeto desarrollar los muslos, como creyeron algunos autores, o demostrar que la mujer así mutilada no necesitaba trabajar, como predica la versión oficial que justifica esta deplorable costumbre, sino que jugaba un papel importante como excitante sexual. Así lo atestiguan los dibujos chinos que reproducen escenas en las que el hombre manosea voluptuosamente el pie de la amada).

En la cultura occidental, el pie es un manifiesto símbolo fálico. De no ser así, ¿por qué beber champán en el zapato de la amante se considera un gesto erótico?. También lo es dejar quitarse los zapatos por otra persona: En el siglo XVIII, las damas que ordenaban a sus sirvientes que les descalzaran las botas tenían la obligación de recompensarlos con una propina, para calmar con una prostituta “el acaloramiento que les causaba el trabajo”.

Otra prueba del componente sexual de los pies reside en que el contacto interpersonal con esa parte del cuerpo resulta rarísima. Sólo los amantes se tocan el uno al otro con los pies. La explicación de este comportamiento obedece, según los sexólogos, a que hacer “pies” (o “patitas”) resulta extremadamente incitante y un inequívoco signo de disponibilidad sexual.

En muchas culturas africanas, las mujeres enseñan lo alto de sus muslos, pero se avergüenzan si se les pide que enseñen la planta del pie. Comportamiento similar siguen los yakuta, pueblo turco-mongol de Rusia. Las damas turcas del Volga consideran inmoral mostrar sus pies descalzos e incluso duermen con faldas muy largas para ocultarlos.
Por otra parte, mostrar desnuda una parte así de íntima puede ser signo de humildad, como ocurre en el rito católico del lavado de pies, el primer jueves de Pascua. En África, sólo se quitan las sandalias para andar por el Kraal y los musulmanes se descalzan al ingresar en el templo; no quieren dejar huella de sus andanzas fuera de los recintos sagrados. Por el contrario, el pie descalzo puede ser señal de poder: los cazadores se dejan retratar con un pie apoyado sobre la pieza abatida.

En fin...disfruten de sus pies como más les guste!.


Adieu!!.

4 comentarios:

Catcher dijo...

esa imagen de los pies chinos me perseguirá un buen rato

Ana Gonzalez dijo...

Dios mio que crimen. La mujer china no podra andar.

Suky Snoobs dijo...

¿Qué pasa con mi blog?,no registro este escrito hecho por ti,bueno,ya veré después.
Lo confieso,los pies femeninos me fascinan tal como lo describes,sobre todo con las hermosas zapatillas,simplemente las hacen ver bellisimas,y les da un contoneo especialmente delicado al caminar.
En lo personal con mis pies mientras estoy en casa me gusta andar descalzo,no me importa que mi mamá diga que parezco hippie.
¿O escribes mucho o yo casi no reviso mi blog?,debe ser lo segundo,ni modo tendré que revisarlo mas seguido.
Saludos.

Agustina Tula Saborido dijo...

Catcher:
A mi también...Saludos!!

Ana Gonzalez:
Es realmente una costumbre terrible. Muchas gracias por tu comentario. Hata pronto!!.

Suky Snoobs:
A mi me encanta caminar descalza por la casa!! que placer!!!.
Te cuento que estoy escribiendo un poco más seguido en el blog, a lo mejor es la razón por lo cual se te escapa algún que otro posteo!!. Te mandamos un abrazo muy especial!!!.