19.8.09

2

votar

Objeto Museístico: El Jopo de Elvis Presley

En mi etapa adolescente usé jopo. Por aquellos tiempos, mi jopo sólo era un detalle más en comparación con los kilos que tenía de reserva para pasar el invierno. En fin, era una niña sana.
Volviendo al tema en cuestión, si hablamos de “bananas” en las melenas, estamos obligados a referirnos al indiscutido Rey del Rock, el señor Elvis Presley.
Esta leyenda, que sacudió almas y caderas al ritmo del “Rock de la cárcel”, supo llevar un jopo gigante y exagerado que se elevaba como una cresta en la cúspide de su cabeza.
El engominado amigo también tiene su historia, y para ello debemos remontarnos al Antiguo Egipto, pues se conocen utensilios (espejos, peines, navajas de afeitar) desde 5 milenios antes de Cristo que demuestran el interés de los egipcios por los cabellos y la barba.
Los egipcios aparecen en las antiguas estatuas con el cabello largo y barba puntiaguda en el mentón. Posteriormente, los cabellos serán cortos y la perilla será sustituida, en los faraones y altos funcionarios, por una barba postiza (la necesidad de afeitar el pelo era, probablemente, para evitar la proliferación de parásitos). Las mujeres llevan los cabellos sujetos en la frente con una cinta y divididos con raya al medio.
Más tarde, en el Imperio Medio, aparece la peluca caracol, llamada así por el enrollado de los cabellos sobre el pecho. Los sacerdotes egipcios llevaban la cabeza calva y se afeitaban completamente el cuerpo cada tres días, incluso las cejas.
Los griegos tenían la característica de poseer los cabellos rizados. Las mujeres utilizaban el cabello largo con rizos sobre la frente. En la Época clásica y helenística, el peinado en la mujer varía mucho siendo frecuentes el peinado de “lampadión” (antorcha en griego).
La única imposición en la moda del peinado es que la mujer casada debía llevar el cabello cubierto con un velo en sus apariciones en público.
Según las fuentes, en Roma la dignidad y el estado social se podían apreciar por la longitud de sus cabellos. Cabellos largos llevaban los dioses, los nobles, los guerreros y los que nacían libres. Cabellos cortos llevaban los esclavos, los sirvientes y trabajadores, lo que proporcionaba a estos una mayor higiene.
Tanto los hombres como las mujeres prefirieron el color rubio de los cabellos, por tal motivo los romanos ricos se echaban polvo de oro sobre ellos.
En la Edad Media el cabello era símbolo de poder, riqueza y dignidad. Las leyes medievales afirman que el tocar o arrancar parte de la barba o los cabellos sería castigado con fuertes multas de dinero o con castigos corporales. Aparecen las tenacillas calientes en el siglo XIII.
En el Renacimiento, Los cabellos peinados hacia atrás se meten bajo un armazón en forma de canasto.
En el Barroco los caballeros llevaban el pelo rizado y los puritanos llevaban el pelo corto y redondeado. En el Rococó el empolvado blanco del cabello dura casi todo este periodo.
En la época de Napoleón, los peinados adoptan formas más rígidas. El peinado “tipo César” es el que llevaba Napoleón ya que se consideraba sucesor del emperador romano.
Ya en los comienzos del siglo XX, la mujer se corta el pelo muy corto estilo a lo garcón, con elegancia pero a la vez rebeldía. En los ´40 el estilo Marilyn Monroe hace que las mujeres lleven el pelo con ondas a la altura de los hombros. En los años ´50, con el glamour de Hollywood comienzan a aparecer los flequillos y los moños, y es aquí donde el Rey del Rock hace su aparición con un jopo incipiente para más tarde ir acrecentándolo al ritmo de sus canciones. Se imitan los estilos de Audrey Hepburn, Grace Kelly y desde ya Elvis Presley. En los ´60 se usan los pelos encrespados con mucha laca, en los´70 el look afro es un referente tanto para mujeres como para hombres y en la década de los 80 el peinado se transforma en una expresión del estado de ánimo, destacándose los cortes punk y los cabellos provocativamente teñidos de colores furiosos.
Yo no sé si Elvis esta vivo, lo que si sé es que su jopo fue y seguirá siendo toda una obra de arte para admirar.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Buena investigación!.
Esta fusión que lograste con los museos y el humor me pareció muy bien lograda.
Es un placer leer la información que parte de tus graciosas anécdotas.
Alfredo

Anónimo dijo...

Como buena ajedrecista, como excelente estratega sabés combinar humor,información, interés y gracia.Una combinación que atrae, despierta interés y puede sin esfuerzo llevarnos a introducirnos en elmundo de los MUSEOS y en todo lo que desde ellos se puede ofrecer
como aporte a la cultura.
Te sigo.
Soy estudiante de Museología del ENAM.
Victoria.